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Hunt: Showdown 1896 - The Madness of Montresor

DESCRIPCIÓN DEL JUEGO

Este DLC contiene un cazador, dos armas y una herramienta:

  • Montresor (cazador)
  • Orgullo de Palazzo (Krag con silenciador)
  • Arlequinada (Nagant M1895)
  • Fortunato (Derringer Lanzamonedas)


Abandonado a su suerte por su antiguo compañero de caza, Edward Montresor adoptó el espíritu de los antiguos carnavales de Venecia para dictar una venganza inspirada en la literatura. Ahora, su semblante misterioso le permite camuflarse entre el caos de la corrupción, libre para satisfacer sus antojos más oscuros.


Cada vez que Montresor usa este Krag con silenciador, finge que está cazando en los majestuosos palacios de la antigua Venecia en vez de en el pantano corrompido. Las similitudes entre la Caza y el carnaval veneciano a veces son innegables: ambos eventos son una oportunidad para cometer fechorías bajo el amparo del caos.


Este Nagant M1895 es lo que Montresor usó para abrir un agujero en el tonel de alcohol para su antiguo compañero. La pistola es un souvenir fabricado siguiendo la tradición de la antigua Venecia y le proporciona el valor para saborear su venganza en exceso.


El antiguo compañero de Montresor se burlaba de él por su inclinación a usar equipamiento particularmente ornamentado. Pero eso fue antes de la traición y, más importante aún, la posterior venganza. Al final, no hubo más burlas, solo ruegos. ¿Quién ríe ahora?


No sientas compasión por la primera víctima de Montresor. Rolf se ganó a pulso su muerte. Si un hombre es capaz de abandonar a su compañero de caza al borde de la muerte, cualquier cosa que le ocurra tras semejante acto es merecida.

Sobre todo si la persona a la que traicionó sobrevive para tomarse la venganza por su mano.

Había ya siete hileras de ladrillos recién colocados justo delante de Rolf cuando este abrió los ojos. Tardó unos instantes en darse cuenta de que se encontraba en las catacumbas de la Iglesia de Healing-Waters. Sí, por supuesto. Había bajado allí con el señor del carro de suministros, un tipo enmascarado y ataviado con un disfraz que parecía recién salido de uno de aquellos antiguos carnavales de Venecia. Aquel hombre se había presentado como Montresor y, con su labia y su forma de hablar tan cautivadora, le había prometido a Rolf que había alcohol gratis en el sótano. Juró que aquella bebida le ayudaría a atemperar la atrocidad de la corrupción, haciendo que los horrores tuvieran un aspecto algo más agradable.

El mismo tipo enmascarado se hallaba ahora ante Rolf, esparciendo cemento sobre la fila superior de ladrillos. Aquella pared recién construida ya le llegaba a la cintura.

"Deberías haber prestado más atención cuando te conté la historia del amontillado", comenzó a decir Montresor. La voz que emanaba bajo la máscara ya no era tan cautivadora. "Así habrías sabido que tendrías que haber salido corriendo. Esa historia, en mi opinión, es un ejemplo perfecto de cómo llevar a cabo una venganza".

Fue entonces cuando Rolf empezó a notar otros detalles: la forma en la que sus brazos arqueados estaban encadenados a otra pared que tenía detrás, imposibilitándole la huida; el olor de aquel sótano, lleno de polvo y de la pútrida humedad de los pantanos; el sabor amargo en la boca de todo lo que había bebido antes de perder el conocimiento. De repente, reconoció la Derringer que colgaba del cinturón de Montresor, un arma única con sus incrustaciones de oro grabado. Era la misma que tenía su antiguo compañero. Rolf iba a morir aquí, oculto, en la oscuridad, solo. Engañado por el mismo hombre al que había dejado morir.

Abandonado entre dos paredes por un antiguo compañero con un nombre nuevo.

Ahí comenzaron los ruegos, las súplicas acompañadas de lágrimas que cada vez se cargaban de una mayor furia. Pero a Montresor le daban igual. Sabía que no solo debía castigar, sino que debía castigar con impunidad. Pretendía conservar su nuevo atuendo de ahora en adelante. Era lo más adecuado.

Cuando regresó para revisar la tumba secreta de Rolf meses más tarde, seguía intacta. El silencio, ensordecedor. El tonel de alcohol, aún abierto, estaba cubierto de una capa de polvo.

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Este DLC contiene un cazador, dos armas y una herramienta: Montresor (cazador), Orgullo de Palazzo (Krag con silenciador), Arlequinada (Nagant M1895), Fortunato (Derringer Lanzamonedas)

₡ 4.624,01

Detalles del juego

Categoría/Género

Action
Revelador
Distribuidor Crytek GmbH

Idiomas disponibles

Interface
Audio
Subtitles

Evaluación comunitaria

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ABOUT THE GAME

Este DLC contiene un cazador, dos armas y una herramienta:

  • Montresor (cazador)
  • Orgullo de Palazzo (Krag con silenciador)
  • Arlequinada (Nagant M1895)
  • Fortunato (Derringer Lanzamonedas)


Abandonado a su suerte por su antiguo compañero de caza, Edward Montresor adoptó el espíritu de los antiguos carnavales de Venecia para dictar una venganza inspirada en la literatura. Ahora, su semblante misterioso le permite camuflarse entre el caos de la corrupción, libre para satisfacer sus antojos más oscuros.


Cada vez que Montresor usa este Krag con silenciador, finge que está cazando en los majestuosos palacios de la antigua Venecia en vez de en el pantano corrompido. Las similitudes entre la Caza y el carnaval veneciano a veces son innegables: ambos eventos son una oportunidad para cometer fechorías bajo el amparo del caos.


Este Nagant M1895 es lo que Montresor usó para abrir un agujero en el tonel de alcohol para su antiguo compañero. La pistola es un souvenir fabricado siguiendo la tradición de la antigua Venecia y le proporciona el valor para saborear su venganza en exceso.


El antiguo compañero de Montresor se burlaba de él por su inclinación a usar equipamiento particularmente ornamentado. Pero eso fue antes de la traición y, más importante aún, la posterior venganza. Al final, no hubo más burlas, solo ruegos. ¿Quién ríe ahora?


No sientas compasión por la primera víctima de Montresor. Rolf se ganó a pulso su muerte. Si un hombre es capaz de abandonar a su compañero de caza al borde de la muerte, cualquier cosa que le ocurra tras semejante acto es merecida.

Sobre todo si la persona a la que traicionó sobrevive para tomarse la venganza por su mano.

Había ya siete hileras de ladrillos recién colocados justo delante de Rolf cuando este abrió los ojos. Tardó unos instantes en darse cuenta de que se encontraba en las catacumbas de la Iglesia de Healing-Waters. Sí, por supuesto. Había bajado allí con el señor del carro de suministros, un tipo enmascarado y ataviado con un disfraz que parecía recién salido de uno de aquellos antiguos carnavales de Venecia. Aquel hombre se había presentado como Montresor y, con su labia y su forma de hablar tan cautivadora, le había prometido a Rolf que había alcohol gratis en el sótano. Juró que aquella bebida le ayudaría a atemperar la atrocidad de la corrupción, haciendo que los horrores tuvieran un aspecto algo más agradable.

El mismo tipo enmascarado se hallaba ahora ante Rolf, esparciendo cemento sobre la fila superior de ladrillos. Aquella pared recién construida ya le llegaba a la cintura.

"Deberías haber prestado más atención cuando te conté la historia del amontillado", comenzó a decir Montresor. La voz que emanaba bajo la máscara ya no era tan cautivadora. "Así habrías sabido que tendrías que haber salido corriendo. Esa historia, en mi opinión, es un ejemplo perfecto de cómo llevar a cabo una venganza".

Fue entonces cuando Rolf empezó a notar otros detalles: la forma en la que sus brazos arqueados estaban encadenados a otra pared que tenía detrás, imposibilitándole la huida; el olor de aquel sótano, lleno de polvo y de la pútrida humedad de los pantanos; el sabor amargo en la boca de todo lo que había bebido antes de perder el conocimiento. De repente, reconoció la Derringer que colgaba del cinturón de Montresor, un arma única con sus incrustaciones de oro grabado. Era la misma que tenía su antiguo compañero. Rolf iba a morir aquí, oculto, en la oscuridad, solo. Engañado por el mismo hombre al que había dejado morir.

Abandonado entre dos paredes por un antiguo compañero con un nombre nuevo.

Ahí comenzaron los ruegos, las súplicas acompañadas de lágrimas que cada vez se cargaban de una mayor furia. Pero a Montresor le daban igual. Sabía que no solo debía castigar, sino que debía castigar con impunidad. Pretendía conservar su nuevo atuendo de ahora en adelante. Era lo más adecuado.

Cuando regresó para revisar la tumba secreta de Rolf meses más tarde, seguía intacta. El silencio, ensordecedor. El tonel de alcohol, aún abierto, estaba cubierto de una capa de polvo.

Requisitos del sistema

Windows Windows

MÍNIMO:

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